Hay muchas mujeres en todo el mundo que maternamos solas, o casi solas. Recientemente se ha empezado a hablar de los cuidados, de cómo son relevantes, de que deben ser visualizados, de que estas labores recaen la gran mayoría de las veces en la mujeres. Se ha mencionado también la carga mental, algo que no estaba en nuestro vocabulario 20 años atrás, cuando me hice madre, y menos la gestión emocional, entendida como es esta labor de estar pendiente de las emociones de los demás y sus necesidades visibles e invisibles así como sus cambios de estado de ánimo, detonadores, etc.
Falta mucho por hacer, pero se agradece que al menos la cosas se puedan nombrar de alguna manera, se hable de ellas, se intente legislar, visibilizar.
En todo caso, sigue siendo un tema pendiente, muchas lo dejamos todo en el camino y eso afecta nuestra salud gravemente, así como nuestras oportunidades.
En el contexto de la neurodiversidad resulta aún más grave. Es frecuente que las mujeres que hoy son adultas no hayan obtenido un diagnóstico bien hecho en el caso de que tuvieran autismo nivel 1 (el se que considera de bajas necesidades, un tema para otro día), Déficit de Atención y otras características de su funcionamiento cerebral o incluso otros, como pueden ser bipolaridad, síndrome de la personalidad limítrofe, etc.
A veces es la maternidad la que hace explotar estas características porque el hecho de cumplir con la demandas de un niño pequeño (que por cierto, tiene altas probabilidades de tener un diagnóstico similar), sin apoyo o comprensión sobre las necesidades y apoyos que necesita la madre de acuerdo a su diagnóstico puede desembocar en situaciones de alto riesgo para la madre y los menores.
Y es que, si pedir que se garanticen las necesidades básicas que son masomenos fáciles de entender, cmo alimentos y servicios, es mucho pedir, ya que seguimos viendo deudores alimentacios que evaden sus responsabilidades y violentan a sus hijos y sus madres sin consecuencias, llegando hasta el extremo de la violencia vicaria, es decir robarse a su hijos y privarles del derecho de var a sus madres y no hay poder legal que los haga cumplir, imáginense qué se puede esperar de las necesidades invisibles como son las de la salud mental.
Es un panorama desalentador.
Al menos puedo decir, que como madre que crió sin más adultos que fueran parte de la responsabilidad de los cuidados, hay también momentos muy lindos y amorosos cuando estás sola con tu pequeño, y para él no hay nada mejor que tus brazos, y sabes que se siente seguro y feliz, al menos por un rato.


