lunes, 6 de julio de 2026

Habitar el espacio (vengo a quejarme)



 Ayer a medio día salí con mi esposo a dar una vueltita. Son nuestros pequeños paseos, y una de mis actividades favoritas es visitar una librería y revisar los materiales, aunque me parece que los precios de los libros son, a menudo, terriblemente altos. 

Al entrar a la librería vi una escena enternecedora, una mujer con un bebé que ya caminaba, tomando el pecho. Me pareció tan lindo que dije en voz alta algo así como “mira que lindo”.

De pronto, nos sorprendió la lluvia, así que le propuse a mi esposo que nos tomáramos un café, estaba muy emocionada con el libro que me había regalado, luego de seleccionarlo de entre varias opciones similares y quería reflexionar acerca de la naturaleza en las ciudades, un tema que me apasiona, que siempre estoy documentando, y cuyo gozo procuro transmitir a mis alumnos.

 Había tres mesas en el local, una la estábamos ocupando mi esposo y yo, la mujer con el bebé, una acompañante y una carriola, decidió ocupar al mismo tiempo las dos mesas restantes. Este tipo de actitudes siempre me irritan. Por un lado mi propio trauma+autismo me han llevado a buscar hacerme lo más pequeña posible, casi invisible, vivo pensando en no molestar, no incomodar. Pero por otro lado, también debido a mi condición, sufro de sobre estimulación cuando hay demasiado ruido, olores fuertes, la gente se me acerca mucho aún habiendo mucho espacio y otros ejemplos. Esto es un auténtico sufrimiento para las personas autistas que no debe ser desestimado.

Pero esta situación, ya rayaba en algo mucho más perturbador. Porque no sólo estaba habitando el espacio físico, sino que decidió ocupar todo el espacio sonoro, y desde su silla en una de las mesas empezó a relatar sus experiencias a todo volumen a la otra mujer, impidiendo del todo que nosotros pudiéramos tener nuestra propia conversación. Por cierto que la acompañante era una mujer muy agradable, que usaba un volumen de voz normal, y todavía era perfectamente percibida por la madre. 

Encima lo que se decía era muy triste y desagradable, haciendo menos a otras mujeres, maestras y hasta sobre escribir acerca de Benito Juárez, el pobre qué culpa tiene.

Nos tuvimos que ir, aún cuando todavía llovía un poco. 

Este tipo de experiencias me detonan mucho, me hacen sentir invadida e incómoda, y me llevan a tratar de mantener atenta de no invadir a otros, porque pienso que eso es importante y que podríamos ser más sensibles hacia los demás ¿o no?


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